sábado, 18 de julio de 2015

Las gafas

Camilo observaba con inquina a la señora que acaparaba La Vanguardia.

"A ver si acaba de una vez. A este paso la vieja se va a leer hasta los clasificados".

Cuando al fin la vio cerrar el diario y levantarse para ir a pagar, Camilo saltó de su asiento y se apresuró a atrapar el diario como lo habría hecho un halcón con un conejo en la sierra castellana. Satisfecho, se sentó en su mesa y pasó la primera página.

"Ahora sólo falta que ese vago de camarero me traiga el café con leche de una vez. ¿Pero qué demonios hace ahora hablando con la vieja? Tío, que tienes trabajo, ponte a hacerlo".

Camilo levantó la mano y miró fijamente al chico con el ceño fruncido. Cuando logró entablar contacto visual con el camarero, éste esbozó un gesto de resignación, se despidió de la anciana y se dio la vuelta para poner una carga en la máquina del café. En menos de un minuto ya había dejado una taza blanca y humeante en la mesa del airado cliente.

"Ya era hora" - refunfuñó Camilo-. "En este país, o te pones duro o te toman por el pito del sereno".

Las noticias que leyó no  hicieron más que empeorar su estado de ánimo. Los moros con sus atentados, el gobierno con sus recortes y encima las acciones del Santander cayendo a plomo por culpa los soplagaitas de Grecia. Por si fuera poco, entre unas cosas y otras ya se le había pasado el tiempo del desayuno y no tuvo más remedio que hojear el periódico a toda prisa y beberse el café con leche en un par de tragos, con la rabia que da eso.

Dejó en la mesa su pequeño tesoro de papel y se dispuso a pagar. El camarero le atendió de forma educada pero distante. A cambio él no dejó propina. Bueno, de todos modos nunca lo hacía. 
De camino a la salida descubrió que había unas gafas sobre la mesa que había ocupado la vieja."Claro, se las habrá  olvidado porque ya chochea", se dijo . Entonces se le ocurrió que, a modo de venganza, se las podía quedar temporalmente. Sin gafas no podría usurparle el diario que él se merecía. Ella se lo quitaba  porque llegaba antes, y llegaba antes porque estaba jubilada y se pasaba el día en casa sin hacer nada, mano sobre mano, sólo esperando el momento de venir al bar a privarle a él de su pequeño placer del día. Por supuesto que al cabo de unos días se las devolvería, no era tan mala persona.

Las tomó disimuladamente al pasar por delante de la mesa y, en un acto impulsivo, se las colocó. No sabría decir por qué hizo tal cosa: lo de ponerse las gafas de otro es una reacción propia de críos y no de adultos. "Para disimular", racionalizó después.

Con aquellas lentes frente a sus ojos esperaba verlo todo borroso, pero no, al contrario, ahora veía estupendamente. De hecho el local ahora parecía mucho más luminoso. Al salir a la calle el efecto se mantuvo. Hacía un día soleado y ligeramente cálido. Los arbolitos  de la acera eran un puro estallido de flores lila sobre fondo verde. Qué gran mañana. ¿Cómo no se había percatado antes? Sus pensamientos fueron interrumpidos por un perrito que se escabulló del control de una señora y se acercó a ponerle las patas encima. Habitualmente aquella clase de cosas le molestaban, y mucho, pero el animal se veía tan adorable y cariñoso que no pudo menos que sonreir y rascarle detrás de las orejas.

El resto del día fue sorprendentemente agradable. La faena no se hizo tan aburrida, el aire acondicionado no estaba tan frío y sus compañeros no fueron tan bordes como en otras ocasiones. Volvió a casa dando un paseo.  Cenó unas alcachofas al horno y una tortilla de jamón y, mientras comía, se maravilló de que unos platos tan sencillos pudieran ser tan exquisitos. "Al fin y al cabo", pensó, "no es necesario ir a un restaurante de lujo para disfrutar de la comida".

Aquella noche durmió bien y al día siguiente, por supuesto, lo primero que hizo al salir de la ducha fue ponerse las gafas. El resto la semana las cosas no hicieron sino mejorar. Llamó a sus padres y no se  agobió por ello.  En el ascensor se atrevió a hablarle por fin a la vecina soltera del sexto piso con un resultado que pudo calificar de prometedor. El viernes un compañero le invitó a unirse a su grupo del desayuno y no volvió a necesitar de un periódico a la hora de su café. 

No se engañaba: el mérito era de las gafas. Tal vez cuando las devolviera todo volvería a ser como antes, pero aún así pensó que debía hacerlo, precisamente porque su nuevo estado de ánimo le impedía ser tan mezquino. Era consciente de que las necesitaba, que eran la fuente de su bienestar, y por eso se resistió; lo retrasó tanto como pudo, pero finalmente admitió que no podía continuar con aquel cargo de conciencia. Habiéndole quitado las gafas a la anciana posiblemente le había robado su felicidad. No podía vivir con una felicidad robada, debía devolvésela a su legítima propietaria.

El día en que se armó de valor y regresó a la cafetería era también soleado y ligeramente cálido. Allí, donde tantas veces había desayunado sólo y sin  más compañía que unas hojas de papel, encontró a la anciana en su mesa de siempre."Y como no, con el periódico bien trincado", se dijo en broma. Se quitó las gafas y se acercó a ella.

- Señora.

La mujer levantó la vista y sonrió. Aquella mirada le hizo aún más difícil confesar su crimen.

- Creo que estas gafas son suyas. Las encontré en su mesa hace unas semanas y las he tenido desde entonces. Lo siento de veras.

- No se preocupe, joven, ya no las necesito -respondió ella-. Y a juzgar por su aspecto diría que usted tampoco. Quizá va siendo hora de que se las deje olvidadas en alguna mesa - le dijo, cerrando la frase con un guiño.    

lunes, 15 de junio de 2015

Molt adequat

El soldat George Price es va quedar sense sort aquell dia: un franctirador va desplaçar el seu dit índex mig centímetre i llavors va deixar d'existir.

Dos minuts més tard les sirenes cridaven que la guerra s' havia acabat.

Al so del senyal un mariscal va destapar una ampolla de xampany. Es tractava del mateix home que aquell matí va preguntar:
 
- Establim el cessament d'hostilitats per d'aquí dues hores?
 
-No, esperem-nos sis -va intervenir el contraalmirall- així el final de la Gran Guerra tindrà lloc a les onze hores del dia onze del mes onze.
 
-Oh, molt adequat - va corroborar.

viernes, 20 de marzo de 2015

Diario de una convalecencia



Día 0:
Creo que me ha sentado mal lo que he comido en la cena.

Día 1:
Fiebre. Paso la jornada en cama, soñando con unas piezas que parece que tenía que encajar entre si. Por la tarde tuve la sensación de que lo más difícil ya estaba encajado, así que permanecí más tranquilo. 

No, no creo que eso de encajar piezas tuviera algo que ver con el deseo sexual, más bien con un videojuego al que estuve jugando la semana anterior.
A última hora me levanto dando tumbos, bebo un zumo y me vuelvo a la cama.

Día 2:
Aun con fiebre, pero no tanta. Es el momento de desplazarme al sofá y enroscarme en la manta. Voy combinando los ratos de dormir con los de ver la tele. Es decir, que me despierto y media hora de caja tonta vuelven a dejarme grogui.

Las enfermedades son el momento ideal para calibrar la calidad de la televisión. Y es que en una situación cognitiva normal uno no sería capaz  de soportar tantas horas de TV seguidas.

El veredicto es que nunca la había visto tan mala como hasta ahora. Casi todos los canales parecen echar lo mismo a todas horas. Hay un canal "Aquí no hay quien viva", un canal "La que se avecina", un canal "subastas de trasteros"... Incluso los de dibujos animados siempre están rotando las mismas tres o cuatro series. Y, por supuesto, hay tertulias por todas partes. Bueno, más bien son grupos de gente que se pone a gritar sin tener mucha idea de lo que están hablando, no es el mismo concepto de tertulia que había en los tiempos de "La clave", un programa que se emitía hará cosa de treinta años y que sólo la música de la cortinilla ya te sobrecogía y te hacía guardar silencio.

Día 3:
Ya no tengo fiebre. Ha llegado el momento de salir a la calle, comprar algo de fruta y pasar unos días sobreabridado y algo hipocondríaco. Y también es hora de pasar a la báscula: ¡Oh, pero si he perdido dos kilos y medio! No hay mal que por bien no venga.

domingo, 15 de marzo de 2015

Sigue adelante


- Sigue adelante, no te duermas. - Le dijo su compañero, que avanzaba al lado.

Habían salido de Portsmouth el diez de octubre y, tras una breve estancia en la base Casey se habían puesto en marcha hacia la base Vostok, desde la cual partirían más adelante hacia la Amundsen-Scott, en pleno polo sur.

-  Sigue adelante, no te duermas. - Volvió a decirle.

Ya nos habían advertido del peligro que suponían las grietas en el hielo, sobre todo en el actual entorno de aumento de temperaturas. Aún así pensamos que era de esa clase de cosas que sabes que pueden pasar, pero que nunca pasan.

- Sigue adelante, no te duermas.

El hielo se rompió bajo nuestros pies y engulló los trineos, los perros y el equipo. Halleck y Loretto también cayeron. Sólo quedamos Mike, Oleson y yo. Iniciamos el camino de vuelta: la base Vostok no se hallaba muy lejos y sin duda teníamos una oportunidad de conseguirlo. Además, tarde o temprano se extrañarían de no escuchar nuestra voz en la radio y enviarían un vehículo a buscarnos. 

Ninguna perturbación solar podría explicar un silencio tan prolongado. Sólo necesitábamos aguantar.

- Sigue adelante, no te duermas.

Oleson tardó poco en caer. Se le habían congelado ambos brazos y piernas y se desplomó sin fuerzas. 

Sólo quedamos Mike y yo, y entonces...

- Mike.

- Dime.

- Acabo de recordar una cosa.

- ¿Sí?

- Que te rendiste. Te dejaste caer en el hielo y me dijiste "Sigue tú, yo aquí me quedo ".

Su compañero no dijo nada.

- ¿Me estás escuchando, Mike? Eso significa que estás muerto.

Esta vez Mike sonrió con ironía y replicó:

- Sí, es cierto. Y también significa que tú te has quedado dormido.

lunes, 9 de marzo de 2015

Guerra de bandas

Cansado de escuchar a los músicos sudistas, el capitán hizo llamar a la banda del regimiento. A su "Dixie" replicamos con "Yankee Doodle" y a "La Hermosa Bandera Azul " le siguió "Hail Columbia".

Pronto se agotó el repertorio patriótico y ambos grupos dieron paso a canciones populares entre la tropa. El enfrentamiento siguió hasta que, desde sus líneas, sonó "Hogar, dulce hogar" y los nuestros, en lugar de esperar y rebatirla, la secundaron. Entonces los soldados sumamos nuestras voces y, mientras duró aquella canción, todos fuimos uno, todos lloramos por igual. 

A las seis en punto sonó la corneta que daba inicio a la ofensiva y ya sólo se pudo escuchar la música de los fusiles, la percusión de los cañones y el coro de lamentos de los heridos. 

(Basado en un hecho real acontecido en la batalla de Stones River, 31 de diciembre de 1862)

domingo, 8 de marzo de 2015

El arte de inventar historias.


Soy el altavoz que veis colgado en la esquina de la habitación. Cuando yo hablo, los demás callan. Cuando yo canto, los demás bailan.  Explico historias con la luz apagada y el proyector encendido y la gente disfruta con ellas.

Pero no son mis historias, no son mis canciones, no son mis palabras. Tan sólo repito con más volumen lo que otros han creado. Soy como un loro. Un cubo blanco contra un fondo blanco en el que nadie repara.

Pero eso se va a acabar. Pronto se escucharán aquí mis propios cuentos, porque he tenido suerte: Hoy empieza en esta misma sala el taller de El arte de inventar historias. Hoy me toca callar a mi y escuchar lo que dicen los demás.

viernes, 21 de agosto de 2009

Poco dormir y mucho polvo.


Como todas las mañana desde que estoy de vacaciones, a las ocho de la mañana, puntual como un reloj, comienza a sonar la taladradora en la calle. Son las cosas del plan Zapatero contra la crisis: Por lo visto hace falta levantar todas las aceras y volverlas a poner como antes. Todo sea por la economía.

Digo yo que, si lo imporante es crear puestos de trabajo para reactivar la economía, ¿No podían haberse limitado a darles el dinero a los empleados y que se quedaran en casa? Así podríamos dormir todos, circular por las calles y descansar tranquilos. Además, se ahorraría dinero en combustible y en los recambios de la puñetera maquinaria pesada, que la verdad, sí que es pesada. Total, para levantar y volver a poner las aceras, sería suficietne ponernos de acuerdo para imaginarnos que el trabajo se ha hecho. Si es necesario estoy dispuesto a salir a la calle y decir "Oh, pero que bien ha quedado la acera". Todo sea por la economía.

Pero no, se ve que para ayudar a la economía se tiene que crear la ilusión de que hay trabajo de verdad y no que el gobierno está pagando a un monton de gente para hacer el tonto. No queda más remedio que aguantar el TOC TOC TOC de ocho a seis, madrugar de forma involuntaria y cargar todos los días con varios kilos de sueño, porque claro, en vacaciones a ver quien piensa en acostarse temprano por mucho que se haya quedado con una taladradora a primera hora de la mañana. En fin, todo sea por la economía.

Otro efecto del plan Zapatero es que si abres las ventanas se te llena la casa de polvo. Como no tengo aire acondicionado y calor no es que haga poco, o las abro o me cuezo, así que las abro, y claro, entra tanto polvo como el que pueda caber en las habitaciones. Y tambien el ruído. TOC TOC TOC.... Mientras escribo estas líneas el café se desplaza sobre la mesa del escritorio por causa de la vibración. Pero bueno, todo sea por la economía.

Al menos, cuando vuelva al trabajo y me pregunten los compañeros "¿Como te han ido las vacaciones?", les podré responder "Uy, pues poco dormir y mucho polvo".

miércoles, 25 de febrero de 2009

Así era mi abuelo.


Con menos edad de la que se necesita hoy en día para comprar tabaco, le dieron un fusil y le mandaron a pegar tiros. En la guerra durmió en el monte, tapado por una manta y a veces también por la nieve. Sufrió bombardeos, se escondió de esos monstruos de metal que llaman tanques y se despidió de un buen amigo mirándole a los ojos mientras la existencia se le escapaba por el cráneo abierto. Pero salió adelante, la vida no pudo con él.

Después de la guerra pasó hambre. Trabajó tierras que ya nadie cultiva por duras y demasiado alejadas y obtuvo un alimento que en la mayor parte era requisado por la dictadura para que no se notara carestía en el recionamiento de las capitales. Escondió algo de grano en los sitios más insospechados y fue a molerlo de noche, ganándo así el pan de sus hijos. Y la vida no pudo con él.

Trabajó de mañana en la azucarera de un cacique y por la tarde labró la tierra que ese mismo hombre le alquilaba. Se construyó una casa con sus propias manos, mezclando barro y paja, y recubriendo las paredes de cal. Y no, la vida no pudo con él.

Murió su esposa.

Se casó por segunda vez y se fue a vivir al pueblo. Fue feliz discutiendo con aquella mujer de tanto carácter como él, pero un día ella dejó de discutir, después de hablar y, finalmente, de caminar: son las cosas que trae el alzeimer. Él se mantuvo a su lado, la dio de comer, la lavó y la vistió cada día, negándose a escuchar a quienes le aconsejaban internarla en una residencia. Y aún la vida no pudo con él.

Ingresado en el hospital, con una maraña de tubos y cables saliendo de él, clamó a su hija “Desátame, que estas malditas me han atado como a un perro”. “Papá”, le dijo ella, “lo hacen para que no te muevas y se escapen los catéteres”. Entonces se dejó caer y su cabeza se hundió en la almohada. Una lágrima resbaló por su mejilla porque al fin lo había comprendido: La vida gana siempre.

Al día siguiente falleció en el hospital de Antequera a la edad de ochenta y ocho años.

martes, 13 de enero de 2009

Cualquier lugar pasado fue mejor.


El domingo estuve paseando por el pueblo en el que viven mis padres, donde me crié, a donde pertenece mi infancia. Aunque llevo más de veinte años sin vivir en él, todavía me cuesta esfuerzo decir que no soy de allí si no de donde resido.

Por eso ha sido duro comprobar que aquel lugar, el de mi niñez, ya sólo existe en mi recuerdo. La ha  suplantado una medio-ciudad que me resulta extraña. El reencuentro fue como esas cenas de compañeros de instituto que se hacen veinte años más tarde, donde los adolescentes se han vuelto gordos, calvos y se mueven despacio, donde aquella chica que habitaba en tus sueños nocturnos ahora tiene bolsas en los ojos y el rostro cansado.

La fuente de los enamorados, a la que íbamos de excursión con el bocadillo y la fanta naranja de envase retornable, ha sido cercada por viviendas y se ha convertido en una especie de jardincito urbano. El campanario de la ermita que dominaba el pueblo desde lo alto de una colina, ahora apenas se vislumbra entre los tejados de las viviendas de nueva construcción. La mansión señorial por la que pasaba todos los días de camino al colegio la tiraron abajo para levantar bloques. El cine Cataluña, donde vi La Guerra de las Galaxias dos veces, porque era sesión era doble y continua, también fue derribada para...construir más bloques. Sí, se ha edificado mucho por allí ultimamente.

Las calles del centro tampoco son las mismas. La tienda de Can Catarineu es ahora un todo a cien. La oficina de correos es un restaurante. No está ni la papelería “El Nus”, ni la librería de la avenida de la paz ni, por supuesto, el salón recreativo en el que me gastaba la paga semanal. El campo de futbol ya no es un patatal, si no un mini-estado con tribuna acristalada y césped artificial. La plaza del pueblo es una superficie gris y fría, perpetrada por el arquitecto guay de turno.

Me planteé visitar a algún conocido de los que todavía vivieran allí, pero me di cuenta de que no quedaba ninguno. Los amigos que he mantenido se han trasladado y, los que no he mantenido, no tengo ni idea de donde pueden residir. Posiblemente en alguna de esas viviendas que rodean la fuente de los enamorados, con su mujer y un par de hijos.

Acabé metido en un bar para que terminar de pasar la mañana leyendo el diario y tomando un café con leche y un donut. Tras la barra un jovencito se reía de los meapinos, esa gente del área metropolitana que invade el pueblo los domingos, de camino a sus excursiones de dos horas por el campo. No supe si debía sentirme aludido o no.

domingo, 11 de enero de 2009

Nota personal I

Si la vida es sueño, mañana voy a estar lleno de vida: Se me acaban las vacaciones.

lunes, 13 de octubre de 2008

Los árboles pasan de la crisis.

Pues nada, que hay crisis, por si hay alguien no se haya enterado. Las noticias de economía han suplantado a las de sucesos en las portadas de los periódicos y han dejado de hablar de asesinos para hablar de ladrones, ladrones de camisa blanca y corbata a rayas que cuentan el dinero en millones de euros.

Las bolsas se desploman, hay pánico, falta de liquidez y prima de riesgo. La gente pierde el trabajo y todos hablan de ello. El cielo de pronto se volvió negro.

Pero ayer, al salir a la calle, me fije en que el árbol de delante de mi casa. Permanecía donde siempre y como siempre. Sus hojas se mecían con el viento o permanecían quietas cuando no soplaba. Lo vi tranquilo e indiferente, ajeno por completo a la bolsa. Me fijé en las aceras, los edificios, las nubes, todo era igual que el año pasado, todo seguía en el mismo sitio. Entonces, ¿Cómo es posible que el mundo sea tan distinto? ¿Porqué ahora somos pobres y antes no?

La crisis sólo existe en la mente de los humanos y al creer en ella la hacemos real. Desde el espacio sólo se ve el mundo y no un mundo en crisis.

viernes, 3 de octubre de 2008

Ángeles


De pequeño yo los veía. Sí, reconozco que los veía.

Eran tres seres dotados de gran belleza que se movían por el mundo ayudando a los quienes lo necesitaban y haciendo del mundo un lugar mejor para vivir. Con la sonrisa siempre a punto cumplían los encargos del jefe, ese que no se deja ver pero que sabemos que existe.

Me encantaba ver cómo castigaban a los malvados. Lo mismo los hinchaban a tortas que les pegaban un tiro, y nunca se les escapaban. Para llegar a ellos no dudaban en ponerse el bikini, lanzarse en paracaídas o conducir una lancha motora, y todo con un estilo impecable.

Me estoy refiriendo, cómo no, a los Ángeles de Charlie.

jueves, 2 de octubre de 2008

Otoño


Este verano nos quisimos, o al menos yo te quise y llegué a creer que me querías. Nos besamos, nos abrazamos, hicimos el amor bajo la luz de la luna y vi tus ojos, los de aquel día, los de aquel momento en que temblabas de emoción, aquelllos ojos que quedaron grabados en mi memoria para siempre.

Pero llegó el otoño y tus besos se cayeron como las hojas secas, arrastrados por el viento de palabras que invocaste para crear el muro que necesitabas, detrás del que te sientes segura. Entonces me pediste que fuésemos amigos, que te llamase alguna vez, pero no demasiadas.

Hoy siento en mi piel el gélido aliento del més de octubre y me acurruco al calor de tu recuerdo.

martes, 30 de septiembre de 2008

Single

Acabo de descubrir una web de singles, un lugar de lo más curioso. La gente que se conoce allí se envía más mensajes diciendo que se quieren de lo que hacían los concursantes de la primera edición de gran hermano. Y quedan constantemente para hacer todo tipo de cosas.

La mayoría no son singles por vocación, lo son porque no les queda más remedio. Single es sinónimo de soledad (de hecho, es un eufemismo en inglés para no llamarse "gente que está sola"). A partir de cierta edad los amigos han sido encapsulados por la vida familiar o de pareja, así que se apuntan a esta página, se juntan entre ellos y ¡Voila! ya no están solos. Entonces viene cuando tratan de demostrarse a si mismos y a los demás lo no-solos que están, lo bien que lo pasan y lo felices que son en su privilegiada situación.

Pienso que si se sintieran tan a gusto no tendrían esa necesidad de moverse, de hacer tantas cosas y de conocer a tanta gente. Quienes de verdad estan a gusto con su vida pueden quedarse en su casa un sábado, sin hacer nada, cuando les apetece.

Pero ya se sabe: dime de que presumes y te diré de que careces.

Por cierto, ayer me di de alta.

jueves, 12 de junio de 2008

Soy un pastillero.

En lo que más me parezco a un joven discotequero es en que nunca salgo de noche sin mis pastillas. El enalapril, medicamento de nombre chisposo por acabar el “il”, como Abril, pil pil o juvenil, son las píldoras que llevo para atizármelas después de cenar.

Por lo visto, y según mi médico, estoy un poco tenso. O mejor dicho, hipertenso. Eso no es algo que impresione, no, hasta que descubres por internet que tambien se la llama “el asesino silencioso”, y a partir de entonces te acojonas. Bueno, al menos puedo decir que en mi cuerpo habita un asesino silencioso, y entonces acojona todavía más, sobre todo a los que me escuchen decirlo en una habitación con pocas vías de escape.

El caso es que soy un hipertenso (¿Se podría llamar “supertenso” o “megatenso”?) y me toca comer sin sal, lo cual no es tarea fácil, creedme, y tomar esa medicación de por vida. La primera pasti de las muchas que han de llegar a medida que cumpla los años, la triste evidencia de que no soy a prueba de bombas y de que mi cuerpo empieza a funcionar de manera deficiente.

Y es que, dejando atrás los 30, ya no somos la sonda Phoenix dispuesta a llegar a Marte en busca de rastros de hielo y vida, esa que se vio en las animaciones por ordeanador aterrizando en la superficie con chulería, como diciendo “aquí estoy yo, que pasa con vosotros, marcianos”, no, empezamos a ser como la MIR, la estación espacial rusa que se esforzó por continuar en órbita a pesar de ir perdiendo piezas aquí y allá.

Qué le vamos a hacer: de momento, valorar lo que se tiene. Disfrutar de las vueltas que nos quedan en esta órbita, y el hielo marciano que lo busquen otros, que al fin y al cabo da bastante pereza ir a otro planeta a remover las piedras en busca de agua, cuando el grifo de la cocina está lleno, menuda gilipollez. Por cierto, ¿Yo no estaba hablando del Enalapril? ¿Como es que he acabado hablando de sondas marcianas? Se me va la olla, en fin, cosas de la edad. Eso sí, al menos es mejor tomar pastillas de enalapril que de alarga-mi-pilil. Aunque todo llegará, tiempo al tiempo...

miércoles, 23 de abril de 2008

23 de Abril, día de Sant Jordi.

Hoy se celebra en Catalunya el día de Sant Jordi, una bonita fiesta en la que no se hace fiesta. Acostumbra a celebrarse yendo a pasear por las Ramblas y, sobre todo, comprando rosas y libros.

Según la tradición es el hombre quien regala la rosa y la mujer y quien regala el libro. Así que es una bonita tradición, sí, pero también muy sexista. Habría que intercambiar cada año los roles: El de intelectual y el de sensible pero inculto.

No es fácil escapar del sexismo. Por ejemplo, hace cosa de un mes se celebró el día de la mujer trabajadora, en principio una fiesta para reivindicar la igualdad entre hombres y mujeres, pero el sindicato la conmemoró regalándole rosas a las mujeres de la empresa. ¿Por qué no libros? Digamos que el regalo de una rosa no debe considerarse como algo machista en si misgmo. Digamos que se pretendía reivindicar su feminidad dentro de la igualdad, o algo parecido, pero ahora, lo que ya no cuela es que uno de los encargados de repartir las rosas se dedicara a reclamar un par de besos a las chicas a las que se las entregaba.

En fin, yo, como no tengo novia, mi madre vive lejos y me cansé hace tiempo de hacer el primo regalando rosas a las amigas, no voy a tener tal dilema. Cogeré los tres euros que me costaría la flor y los invertiré en un periódico y una coca-cola que tomaré en la terraza de un bar, donde me quedaré un rato viendo pasar a la gente, sobre todo a las chicas sonrientes con su rosa, que por algo es Sant Jordi.

jueves, 14 de febrero de 2008

14 de febrero, día de la maqueta.

Antes de cumplir los cuarenta todo hombre soltero debe escoger entre ser un solterón friki o un vividor. Como nunca se me ha dado muy bien lo del ser un vividor, ya saben, lo de ir de fiesta varios días por semana, venga sexo sin compromiso, gorroneo a los padres y pasarme un peine por la cabeza antes de entrar a la discoteca, pues me he decantado por la opción friqui, que consiste en jugar al ordenador, hacer maquetas, quedar con amigos barrigudos y tirarle los tejos a chicas que te hagan un poco de caso. A veces no tengo del todo claro que mi elección haya sido la acertada.

En cualquier caso, tarde o temprano ambos tipos de soltero deberán prepararse para la fase dos de la soltería.

Al vividor ese momento le llega cuando es consciente de que ya solo liga con señoras que se ponen demasiado colorete azul en los ojos y que la música que baila es la que ponían hace 20 años. Probablemente tendrá la cara amarilla por el hígado dañado, la tensión alta y el colesterol por las nubes. Su reacción de escape suele consistir en entablar una relación de amor-negocio con una jovencita centroamericana que le haga sentir como le gustaría ser.

El solteron friki, por otra parte, se dará cuenta de que coleccionar maquetas de tanques es una gilipollez, que hasta sus amigos barrigones se han casado y que las chicas solteras le dan calabazas halándole de usted. Llegado a ese punto, el solterón friki reflexiona y arriba a la conclusión de que su situación de soltero tal vez no sea temporal. Es el momento de comprarse un gato, ponerse el canal satélite y circular por la casa con zapatillas de felpa a cuadros. En la mayoría de los casos suele venir acompañada de una expresión de limon en vinagre permanente y de una actitud critica con los comportamientos y la forma de pensar de los jóvenes de hoy en día.

No obstante, ambas tipologías de soltero, cuando llega el 14 de febrero, dia de San Valentín y por extensión, día de "jodete que estás soltero", suelen quedarse en casa, lángidos y autocompasivos. Es el día en el que, como se les ocurra escribir algo en un blog, sólo les saldrán textos melancólicos u autocompasivos. Pero afortunadamente, despues del 14 llega el 15, sale el sol y vuelven a sentir su calor, un calor de febrero gracias al cambio climático, y piensan en la parte positiva de su situación: Al menos puedo ir a donde quiera sin tener que meter medio catálogo de Prenatal en el maletero. Al menos nadie me pega la bronca si me quedo con el PC hasta las tantas de la madrugada. Al menos nadie me pide analizar la posibilidad de teñirse el pelo en color caoba mientras estoy viendo el partido de futbol. Al menos...

Me ha llegado una nueva maqueta de tanque por correo. Creo que esta noche me pondré a hacerla.

Que pasen un feliz día de los enamorados.

martes, 9 de octubre de 2007

Homo publicicus

Anoche me quedé a ver una película que daban por la tele, es decir, vi alguna que otra secuencia entre los interminables bloques de anuncios. Acabé yéndome a dormir sin saber quien era el asesino, pero sí que aprendí como mantener las encias jovenes o como limpiar la casa con un solo producto y no con cincuenta.

Me hizo pensar en como vería el mundo el señor del mito de la caverna si las sombras que viera siempre fuesen anuncios. Bueno, en realidad pensé "¿Qué opinaría de nosotros un extraterrestre que nos estudiara a partir de los anuncios de televisión captados desde su puesto de observación en el espacio profundo", pero luego me dije que sonaría más culto lo del mito de la caverna, mientras que hablar situaciones hipotéticas que involucran la presencia de extraterrestres queda friki.

En ambos casos, el observador obtendría las siguientes conclusiones respecto a la vida humana:

- Los bebes humanos se comunican por telepatía y su máxima preocupación es la posible presencia de humedad en el interior de los envoltorios blancos que les cubren el culo.

- Cuando los bebés crecen adoptan una forma llamada niño. Han perdido su capacidad telepática y los envoltorios blancos. Ahora viven obsesionados por comer productos ricos en grasas saturadas y su consumo es observado con satisfacción por un adulto hembra. El máximo peligro que afrontan los humanos en esta etapa es ir bajos de defensas por no consumir suficientes yogures y su distracción favorita es impregnarse la ropa de toda clase de sustancias líquidas y pegajosas. Asimismo, es interesante observar que los niños suelen juegar en grupos de tres a cinco individuos de los que, como mucho, solo uno es hembra. Este exceso de individuos varones debe quedar compensado por una alta mortalidad en la adolescencia, debida posiblemente a la falta de yogures que potencien sus defensas.

- La siguiente etapa en la vida del humano es la juventud. En este periodo visten ropas extrañas y se pasan el dia dando saltos, circulando en monopatin o bailando freneticamente. Las hembras están en celo y son propensas a excitarse con facilidad ante cualquier muestra de buen olor o exhibición de posesiones materiales por parte de un macho joven. Los varones se alimentan de cervezas y las hembras de productos bajos en calorias. Se rien en todo momento, excepto los de los anuncios contra el consumo de drogas o alcohol; eso hace suponer que la risa de los jóvenes en los demas anuncios se debe a la ingesta de tales sustancias.

- En la etapa adulta las hembras se dedican a limpiar la casa y a dar de comer a todo el mundo. Han perdido interés por el sexo aunque continuan queriendo tener una piel tersa. Los varones se pasan el día viendo futbol o conduciendo coches grandes por lugares remotos sin ninguna razón aparente. Las infraestructuras de los humanos son pésimas: hay pocas carreteras y, las que hay, tienen muchas curvas. Los coches circulan siempre en solitario, no se conocen problemas de tráfico o de aparcamiento. ¿Como es eso posible si todos los varones conducen durante horas por mera diversión? Porque muy pocos han sobrevido a la falta de yogures.

- Apenas hay ancianos. Debe ser porque esperanza de vida de los humanos no supera los 50 años.

En fin, dejando de lado al extraterr...al hombre del mito de la caverna, mi conclusión es que ólo me falta una década para abandonar el mundo de los anuncios. Es cuestión de aprovechar el tiempo que me queda conduciendo el coche y viendo el fútbol, aunque no me guste, pues la vida son cuatro días, o menos, si eres hombre y no comes yogures.

viernes, 21 de septiembre de 2007

El demonio en casa.

Se que sigues ahí, esperándome en silencio. Desde que he llegado a casa no hago otra cosa que pensar en ti, lo sabes y por eso te ríes en tu habitación de cristal.

¿Por qué tuve que hacerlo? ¿Por qué te abrí las puertas de mi casa? La respuesta es que fui débil. Te vi allí, tan despreocupada junto al resto de tus compañeras, todas iguales, alineadas como un ejército de silenciosas muñecas que susurran con la mirada veladas promesas de placer prohibido...y no pude resistirme. Me engañé a mi mismo diciendo que aquello no tenía importancia, que el pecado no existe, que todo el mundo tiene derecho a transgredir las normas de vez en cuando…¡Ay, que insensato!

Aunque me llevas a revivir mi infancia, pensé que seríamos capaces de mantener una relación sobria y tranquila como los dos adultos que se supone somos: yo nací a finales de los años 60 y tú, bueno, creo que ya estabas aquí antes de que yo naciera, pero aun así, te conservas muy bien.

Ya sé que en el momento en que la pasión desbocada entra en una relación, las cosas siempre se complican. Por eso, en cuanto te tuve en mi casa, no me pude contener, me abalancé sobre ti sabiendo que ya eras mía, solo mía, y tu te dejaste hacer, complacida. Sabías que, en realidad, eras tú quien me poseía a mi.

Desde entonces no se cuantas veces me habré dicho “¡Ya basta! ¡Es suficiente!”, pero ha sido inútil, siempre he vuelto a por más. Y eso no puede ser bueno. ¿Cuántas veces lo hemos hecho hoy? ¿Cuatro? ¿Cinco? He perdido la cuenta.

Tengo que olvidarte, superar lo nuestro, pero me resulta imposible. Ahora mismo no puedo dejar de pensar en ti, en el dulce tacto de tu piel sobre mi boca y me cuesta concentrarme en lo que estoy escribiendo. Te vuelvo a necesitar, y tu puedes reirte, segura de tu triunfo.

Dentro de unos segundos me levantaré de esta silla, cruzaré el pasillo hasta la cocina y cogeré un cuchillo para ir a buscarte. Te agarraré con fuerza, te dejaré caer sobre la mesa y ya sabes lo que vendrá a continuación: te quitaré la tapa, meteré el cuchillo en tu vaso y luego te extenderé con generosidad sobre una rebanada de pan bimbo. “Maldita Nocilla”, pensaré, "pero demonios, que rica estás."

viernes, 31 de agosto de 2007

Via láctea y cristalina.

Me he propuesto retomar el blog y espero ser mas constante que la primera vez. Cuando no tenga nada mejor que decir, me limitaré a poner alguna tontería (bueno, más tontería de lo normal). Y hoy, para empezar, escribiré unas meditaciones sobre profundos conceptos.

¿Que conceptos? Pues por ejemplo, que lo que separa un intervalo de tiempo tomando un vaso de ColaCao fresquito en el sofá de un intervalo de tiempo barriendo cristales, fregando el suelo y pasando el paño por la mesa es un breve instante de patosidad, y también que eso mismo es lo que separa a la leche con cacao de ser una placentera bebida a un líquido asqueroso que lo pringa todo.

Pero ese tiempo que no he desaprovechado en el sofá, entregado a la molicie y a la ingesta de de lacteos, ha sido empleado en la superación de interesantes retos. Por ejemplo: ¿Que hacer cuando las chanclas se llenan de vidrios y no puedes sacar el pie de ellas porque el suelo está igualmente lleno de vidrios? ¿La leche con cristal va al cubo de lo orgánico, al del cristal o al de la guarrería en general? Y el misterio más intrigante: ¿Si acabo de barrer, como es posible que siga habiendo cristales?

Cómo se puede ver, un hecho aparentemente fastidioso como la rotura de un vaso, se puede convertir en una fuente de conocimientos y de ensanchamiento personal (claro, que si me hubiera tomado la leche con ColaCao también habría contribuido a mi ensanchamiento personal, sobre todo si la hubiera acompañado con galletas).

¡Si hasta he mejorado mi vocabulario! He soltado unos tacos que ni yo mismo sabía que conocía.